¡ATENTA!

El mundo entero es un enorme mercado de la atención.

Fútbol, porno, televisión, apuestas, redes sociales, política… todos quieren captar nuestra atención y no escatiman medios para conseguirlo. Usan la provocación, la publicidad, la manipulación, la repetición constante y el alarmismo. Incendian nuestras emociones y presentan la realidad como un conflicto en blanco y negro en el que debes tomar partido de forma airada y rápida. Buscan reacciones instantáneas. Quieren que poses tus ojos en determinados asuntos y, sobre todo, que no mires hacia donde no les interesa.

Nuestra atención está siendo dirigida y manipulada.

Siempre nos han dicho que el tiempo es oro porque la vida es limitada. Sin embargo, lo que de verdad importa es a qué le prestas tu atención mientras vives. Ahí está el verdadero tesoro. Aquello a lo que la gente atiende gana millones; lo que nadie mira pierde valor y roza la inexistencia.

Tu atención no es solo importante: es lo más importante. ¿Por qué crees que un hombre que golpea un balón puede llegar a ser multimillonario? ¿Por qué Mark Zuckerberg es obscenamente rico? Porque ambos son dueños de la atención de millones de personas que sienten «su» equipo o «su» red social como algo propio.

Demasiadas miramos lo mismo una y otra vez, sin darnos cuenta de que nuestra mirada es lo único que nos pertenece y que la estamos malgastando en beneficio de otros. Tu atención es tu energía vital enfocada en un sitio concreto, un espacio que se carga de potencia solo porque tú lo miras. Por eso, el lugar de la realidad donde posas tu visión es de suma importancia para ti y para el mundo.

Elegir dónde pones tu atención es tu única y verdadera libertad. Pero para eso hace falta tomar conciencia del engaño. Basta con echar un vistazo alrededor para comprobar que la atención colectiva está secuestrada por intereses ilegítimos, a kilómetros de los lugares que de verdad nos convendría cuidar. Ojalá usáramos nuestro superpoder —que hace crecer aquello que toca— en nuestro propio beneficio y en el de quienes más lo necesitan.

¿Sabes quiénes nos pueden ayudar a enfocar la atención de forma revolucionaria? Las feministas. Ellas son expertas en atender lo que quieren transformar y no lo que al poder le conviene que sea atendido.

El feminismo rescata la esencia de Diógenes de Sinope. Cuenta la historia que Alejandro Magno, el hombre más poderoso del mundo, se acercó al filósofo —que vivía feliz en un barril, desprendido de todo— y le ofreció concederle cualquier deseo. Diógenes, sin inmutarse, le respondió: «Quítate de donde estás, que me tapas el sol».

En este choque histórico hay una gran lección:

  • El sol es la vida: Representa tu atención pura, tu energía vital y la alegría natural que surge cuando te conectas con lo que te interesa.
  • Alejandro Magno es el poder: Representa a los algoritmos, la política y los mercados que intentan deslumbrarte con una luz falsa. El poder no puede darte nada real; de hecho, al interponerse entre tú y la vida, genera una sombra que oscurece tu visión.

El feminismo, como Diógenes, le dice al poderoso: “¡Apártate, que me tapas el sol y ensombreces mis propios intereses!”

La verdadera libertad consiste en decidir a qué le prestarás tu mirada. Y ahí, amigas, está la revolución: en dejar de mirar hacia donde te señalan y empezar a observar lo que tú quieres que crezca.

¿QUIERES MI LIBRO?

¿Qué hacía ese hombre solo en la calle de madrugada? ¿Había bebido? ¿Cómo iba vestido? ¿Iba buscando violar? ¿Siguió con su vida normal después de cometer la violación? ¿Disfrutó? ¿Tiene una vida sexual activa? ¿Ve mucho porno? ¿No es muy loco que se cuestione más a las víctimas de violación que a los violadores? A lo largo de los aforismos y reflexiones que componen este librito, Patricia Sornosa se plantea estas y otras preguntas relacionadas con temas fundamentales de nuestro tiempo como los derechos de las mujeres y la lucha de clases, la prostitución, el alquiler de vientres o el porno. Y lo hace con un humor corrosivo que no deja ningún jardín sin pisar.

Los picotazos de Sornosa son zarandeos inesperados que te sacuden y cuyo veneno puede despertar tu conciencia: puede sacarnos del rebaño, hacernos pensar fuera de la caja. Y, como muestra, tres descargas ponzoñosas:«¡Qué frío! Hace un día de sofá, mantita y nacionalizar eléctricas».«Si eres mujer no sólo te vas a topar con el techo de cristal, te va a tocar limpiarlo».«El feminismo no viene a cambiar a jugadores por jugadoras. Viene a cambiar las reglas del juego».

Scroll al inicio