Hace unos años atravesé la experiencia de cancelación y rechazo social por ser crítica con la Ley Trans y la ideología que la sostiene (puedes leer lo que me ocurrió AQUÍ). Al mirar hacia atrás considero que lo más importante de aquella vivencia no fue sobrevivir a la violencia. Lo crucial fue llegar al final siendo fiel a mí misma y recuperando por completo mi salud, mi fuerza, mi alegría y mis ganas de expresarme.
Eso es mucho.
He recopilado algunas de las lecciones que aprendí mientras vivía ese proceso. Las comparto aquí para que me sirvan de guía si algo parecido vuelve a pasarme y, sobre todo, por si mi vivencia puede servir a otras compañeras que se encuentren en una situación similar.
Aquí tienes mi Manual de supervivencia para feministas insumisas.
1. Recuerda que eres feminista
Las feministas se han enfrentado históricamente a una potente resistencia social, al escándalo, la vergüenza, el señalamiento, el descrédito y el ostracismo por el simple hecho de defender derechos humanos básicos.
Si eres feminista, formas parte de una genealogía de pioneras que nunca fueron bien entendidas ni bien tratadas en su época. Entiende la reacción machista como gajes del oficio. ¡Y siéntete muy orgullosa de tu valentía al encararla!
2. Lo malo y lo bueno vienen siempre juntos
Si quieres mantenerte sana y con energía para continuar con tu tarea, debes elegir con sabiduría dónde centrarás tu atención:
- Filtra el ruido: No des crédito a los mensajes negativos, aunque sean muchos y muy llamativos. Céntrate en los positivos.
- Atesora el cariño: Guarda cada mensaje de ánimo, afecto y admiración que recibas.
- Haz inventario: Busca frecuentemente las cosas buenas que las situaciones críticas traen consigo, por pequeñas que parezcan.
Esto no significa dar las gracias por el malestar. No hay nada que agradecer a una situación de estrés ni a las personas que te trataron mal. Sin embargo, si buscas bien, encontrarás motivos suficientes para alegrarte incluso en la época más oscura.
Agradece el amor de tus incondicionales y tu propia valentía al mantenerte firme en un mundo que te quiere callada y empequeñecida. Agradece el apoyo de las redes feministas, de las amigas y amigos verdaderos, de tu familia o de tu pareja si están de tu lado.
El amor de quienes te conocen de verdad es mil veces más valioso que el desprecio de quien solo sabe tu nombre. ¡Valóralo cada día! Practicar el agradecimiento es la forma más efectiva de ejercitar tu libertad de atención y de disciplinar el pensamiento para vivir una vida centrada en lo positivo.
3. Lo que más importa es lo que te dices a ti misma
Los ataques en redes sociales tienen mucha fuerza para hundirte psicológicamente porque, al leerlos, lo haces con tu propia voz mental. Es como si te dijeras esas cosas horribles a ti misma. Esto tiene un impacto terrible en la autoestima y, por lo tanto, en la fuerza con la que seguimos adelante.
Pero las opiniones ajenas tienen muy poco que hacer si en tu cabeza resuenan palabras de amor propio.
Si te enfrentas al rechazo público, te propongo un ejercicio: escribe en un folio cosas buenas sobre ti y léelas repetidamente a lo largo del día (en especial al despertarte y antes de dormir). Si no te encuentras con fuerzas para recopilar esos pensamientos, pídele a alguien que te aprecie que los escriba por ti. En momentos de duda, es vital recordar quién eres.
Estas son algunas de las frases que yo me repito con frecuencia en épocas críticas:
- Yo soy una buena persona.
- Yo soy valiente, libre y generosa.
- Yo soy capaz de ver tras las máscaras.
- Yo soy capaz de comprender y comunicar conceptos complejos.
- Yo soy divertida y creativa.
- Yo soy un motor de transformación social
- Yo soy digna de amor.
A veces las leo y hasta lloro por la falta que me hacía escucharlas dentro de mí. Hazlo, es profundamente sanador.
4. Cambia la perspectiva
Una cosa es lo que nos pasa y otra muy distinta es la explicación que nos damos sobre por qué nos pasa. Ante una misma realidad, podemos elegir distintos relatos. Es fundamental que elijas una narrativa que te llene de poder y que rechaces por completo la que te victimice. Elige siempre la que te dé fuerza.
Por ejemplo, cambia esto:
«No merezco esto que me pasa, es injusto, no hice nada malo para que me traten así».
Por esto:
«Las pioneras valientes suelen enfrentar situaciones exigentes como esta. Lo estoy haciendo muy bien y sigo adelante».
En mi caso, encontrar una nueva narrativa interior me devolvió el poder que había perdido. Hizo crecer mi autoestima al saberme capaz de enfrentarme con éxito a lo que la mayoría de los seres humanos temen: la crítica y el rechazo social por ser fiel a mis ideas.
5. Deshazte de la ira reprimida
Recuerda: es completamente normal sentir ira cuando te tratan mal. Y nos sobran las ocasiones para sentirla. Pero recuerda también que la ira que no se expresa ni se transforma se acumula en el cuerpo y se convierte en dolor físico y enfermedad.
Existe suficiente evidencia científica sobre cómo la ira no expresada y el estrés prolongado somatizan en el cuerpo: dolores de cabeza, problemas para dormir, inflamación generalizada, dolores musculares crónicos o afecciones como la artritis y la fibromialgia. Que a las mujeres se nos castigue por expresar la ira es una manera cruel de condenarnos a la enfermedad.
La buena noticia es que puedes dejar salir tu rabia de forma sencilla, gratuita y sin que nadie se entere:
- Ve al médico: Esta es la primera y más obvia. Ante el dolor físico, busca siempre ayuda profesional.
- Atiende a tus pensamientos: Cualquier emoción va precedida de un pensamiento. Si te muestras firme y no permites que tu diálogo interno se llene de negatividad, frenarás el daño físico.
- Escribe sin filtros: Escribe cómo te sientes. Todo vale: tus deseos de venganza, la rabia que te da la situación o lo que harías si no hubiera consecuencias penales. No lo publiques ni se lo muestres a nadie; solo escríbelo y luego rompe los papeles en mil pedazos o quémalos. Al darles salida, los malos deseos se empequeñecen hasta desaparecer.
- Grita: Ve a una montaña rusa para desahogarte sin llamar la atención, usa un cojín para amortiguar el sonido o sal al monte y deja salir la voz.
- Practica deporte intenso: Levantar pesas, correr, boxeo o jiu-jitsu. Lo que sea que te guste, intensifícalo en épocas exigentes.
- ¡Baila!: Es una manera fantástica de traerte al presente y cambiar el estrés por disfrute auténtico. Son unas vacaciones merecidas para tu sistema nervioso.
- Respira y medita: La respiración consciente disipa el malestar y la meditación es la herramienta más poderosa para conectar con el silencio interno.
- Usa la creatividad: Canta, inventa historias, pinta un cuadro o haz ganchillo. Coge lo malo y transfórmalo en algo mejor.
Lo importante es pasar el mayor tiempo posible en actividades que nos anclen al presente. Debemos evitar habitar el pasado (lleno de rencor por el daño recibido) y el futuro (lleno de ansiedad, deseos de venganza y el miedo constante de si seremos capaces de sostener nuestras ideas y, a la vez, pagar la hipoteca).
6. Nunca jamás hagas a otros lo que no te gustó que te hicieran a ti
No puedes controlar cómo se comportan los demás contigo cuando creen estar cargados de razón, pero sí puedes comprometerte a no convertirte tú en un arma para dañar a otros cuando creas tenerla.
- Permite el debate: Deja que los demás se expresen y expongan sus ideas.
- Usa la razón: Si consideras que sus planteamientos son inaceptables, ofrece datos y argumentos, nunca insultos o cancelación.
- Construye, no destruyas: No boicotees los eventos de los demás; crea tus propios espacios para expresar lo que piensas.
- Sé precisa: Nunca confundas los daños reales con las simples ofensas al ego.
7. Express yourself
La expresión es el lugar por el que desaparece el tabú y se esfuma el miedo. ¡Sigue hablando!
Si entiendes que las redes sociales no son el mejor espacio para hacerlo —spoiler: no lo son—, busca otros entornos más seguros y rentables. Pero nunca, jamás, dejes de expresarte. No te silencies a ti misma. Eso es exactamente lo que el machismo desea: que te calles de una vez. Por favor, no les des el gusto.
Expresarte tal y como eres te coloca en el sitio en el que debes estar y te rodea de la gente adecuada. Las crisis sirven para que lo ilusorio se desvanezca. Las amistades falsas o quienes solo se relacionan contigo para sacar algún provecho… ¡eso es basura! Y lo que hay que hacer con la basura es tirarla al contenedor, sin pena ninguna.
Además, al expresarte mandas un mensaje poderoso al mundo y a ti misma: no hay nada malo en ti, no tienes nada que esconder y todo lo que eres merece ser compartido. Keep talking.
IDEAS FINALES
Considero crucial que las mujeres hablemos de nuestras cosas. En el fondo, eso es precisamente lo que se está intentando evitar. Pese a las dificultades y a los deseos de otros, deberíamos centrarnos en lo que queremos nosotras: hablar de nuestros asuntos, de las cosas de las mujeres. Tenemos derecho a tener temas, espacios y conversaciones exclusivas.
Además, nuestros asuntos son prioritarios para la humanidad: la prostitución, la violencia sexual, la mutilación genital, la esclavitud doméstica, la brecha de pobreza, la menstruación, la pornografía, la explotación reproductiva, los reclamos específicos de salud y tantas otras problemáticas que nos afectan por el hecho de ser mujeres.
El debate en torno al género y lo trans ha sido perjudicial, pero también ha puesto las cosas en su sitio; las ha clarificado. Vivíamos en una ilusión morada y, de repente —igual que me pasó a mí—, las feministas hemos visto que no teníamos tantos aliados. Muchos parecían estar esperando la mínima oportunidad para lanzarnos su desprecio a la cara.
Ver la realidad con más claridad nunca es algo malo, siempre y cuando dejes atrás el temor y sigas hablando.
Quiero cerrar con una frase del poeta Rabindranath Tagore que me ayudó a cambiar mi perspectiva en el momento más duro del rechazo:
«La verdad levanta contra ella misma el vendaval que ha de esparcir sus semillas».
A veces el escándalo es necesario para que reluzca la verdad.
Debemos sentirnos afortunadas de ser el canal a través del cual la verdad logra abrirse paso.
¿QUIERES MI LIBRO?
¿Qué hacía ese hombre solo en la calle de madrugada? ¿Había bebido? ¿Cómo iba vestido? ¿Iba buscando violar? ¿Siguió con su vida normal después de cometer la violación? ¿Disfrutó? ¿Tiene una vida sexual activa? ¿Ve mucho porno? ¿No es muy loco que se cuestione más a las víctimas de violación que a los violadores? A lo largo de los aforismos y reflexiones que componen este librito, Patricia Sornosa se plantea estas y otras preguntas relacionadas con temas fundamentales de nuestro tiempo como los derechos de las mujeres y la lucha de clases, la prostitución, el alquiler de vientres o el porno. Y lo hace con un humor corrosivo que no deja ningún jardín sin pisar.
Los picotazos de Sornosa son zarandeos inesperados que te sacuden y cuyo veneno puede despertar tu conciencia: puede sacarnos del rebaño, hacernos pensar fuera de la caja. Y, como muestra, tres descargas ponzoñosas:«¡Qué frío! Hace un día de sofá, mantita y nacionalizar eléctricas».«Si eres mujer no sólo te vas a topar con el techo de cristal, te va a tocar limpiarlo».«El feminismo no viene a cambiar a jugadores por jugadoras. Viene a cambiar las reglas del juego».
