DIARIO DE UNA URRACA
Sábado 11 de julio de 2026
Esta noche he dormido mejor, aunque llevo días sin usar los tapones. No me los pongo debido a una otitis, pero creo que me beneficia descansar sin ellos, aceptando el ruido inevitable del ambiente. Lo entiendo como un entrenamiento hacia algo más profundo. Aislarse te vuelve dependiente de aquello que te protege del exterior para poder estar bien. Además, a la larga, puede causar problemas de salud: el oído no nació para ser obstruido durante horas, ni el ser humano para vivir en un aislamiento continuo.
Estoy inmersa en este aprendizaje: toca relajarse en medio del ruido y descansar a pesar de los inconvenientes.
La clave está en atender a lo propio. Cuando las voces escandalosas resuenen en la calle (o en las redes), basta con fijarse en la respiración, en la tensión de los músculos o en el texto que se tiene entre manos. Así, los gritos llamativos se transforman en rumores lejanos.
Otro método para mitigar y hacer soportable el bullicio exterior es tener un propósito. Si vives entregada a tu misión, te conviertes en un vehículo con un rumbo claro. Los ruidos y demás molestias de la vida se vuelven entonces insectos que se estrellan en el parabrisas. Sí, resultan molestos y lo ensucian todo, pero no vas a cambiar la dirección de tu viaje por ellos, ni te harán aminorar la marcha.
Sencillamente, cuando encuentres un momento, limpiarás el cristal y continuarás el camino sin dedicarles demasiada atención.
¿Qué hacía ese hombre solo en la calle de madrugada? ¿Había bebido? ¿Cómo iba vestido? ¿Iba buscando violar? ¿Siguió con su vida normal después de cometer la violación? ¿Disfrutó? ¿Tiene una vida sexual activa? ¿Ve mucho porno? ¿No es muy loco que se cuestione más a las víctimas de violación que a los violadores? A lo largo de los aforismos y reflexiones que componen este librito, Patricia Sornosa se plantea estas y otras preguntas relacionadas con temas fundamentales de nuestro tiempo como los derechos de las mujeres y la lucha de clases, la prostitución, el alquiler de vientres o el porno. Y lo hace con un humor corrosivo que no deja ningún jardín sin pisar.
Los picotazos de Sornosa son zarandeos inesperados que te sacuden y cuyo veneno puede despertar tu conciencia: puede sacarnos del rebaño, hacernos pensar fuera de la caja. Y, como muestra, tres descargas ponzoñosas:«¡Qué frío! Hace un día de sofá, mantita y nacionalizar eléctricas».«Si eres mujer no sólo te vas a topar con el techo de cristal, te va a tocar limpiarlo».«El feminismo no viene a cambiar a jugadores por jugadoras. Viene a cambiar las reglas del juego».
